Diálogos

Dialogo entre Hombres y la Inmortalidad de las Ideas

Yo soy un viajero que va de tiempo en tiempo y al que, el tiempo le es inexistente; Tu solo eres un ser vacio adornado de riquezas, una idea vana producto de conceptos basados en costumbres asociadas a la superioridad impregnada en el hombre que está sujeto a la mortalidad. La mortalidad que ha sido el resultante de las limitaciones carnales.

Mis ideas son inmortales al igual que las tuyas podrían ser. – Dice el viajero.

No eres más que estropajos y palabras sin sentido. – Responde el Hombre adornado de riquezas.

No son las riquezas que te hacen miserable, son las ideas que han impregnado en tu cabeza y eso te ata a este mundo y su tiempo. Eres solo una sombra en el Universo y por lo tanto tu destino es desaparecer en el vacío; no dejaras rastro de lo que fueron tus pensamientos, planes, deseos e ideales. – Dice el viajero con énfasis.

¡Cállate! No hay cosa o persona que no pueda tener en este mundo, no hay poder que no pueda ser rasgado por mi codicia. Ahh, Yo soy la descendencia de las ideas de mis padres y sus buenas decisiones. – Exclama con gesto de superioridad el Hombre adornado de riquezas.

Mundo, Poder, Codicia, son solo conceptos que pretenden justificar tu acciones y la de tus padres. Me hablas de cosas que se logran en un lapso de vida en esta esfera (se refiere a este mundo). Palabras como esas no deberían ser emitidas por quienes han visto y vivido la descomposición de la carne que les he poseída. – Responde el viajero.
No hay tal apego que perdure más que un abrir y cerrar de ojos. Ustedes que la carne nace de una misma forma y muere (en alusión a la descomposición) de la misma forma, porque insisten en querer diferenciarse unos de otros.
No hay diferencia en esta esfera; ¿acaso el proceso de desarrollo en Ustedes es diferente a los que les rodean?
Son gotas de agua que no se reconocen en el mar, extraños en una misma idea.
Siempre hablas en forma de que estuvieras en mi realidad (en su lugar), pero estas atado a esas diferencias que forman ideas vacías. Perdón, vacías no son las ideas, tus palabras son huecas.
Eres el látigo que castiga ese cuerpo que te fue encomendado; creas o no, eres el responsable de su propia descomposición.
Tan solo te queda descansar de esta esfera. – Y con estas palabras descansa el viajero.

Le susurra levemente al oído: “Nos veremos si queréis en otro tiempo inexistente”.

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